
Cuando Celia llega, la sala de espera está llena y huele a café. Rosa, que coordina los encargos, la saluda. En el ordenador hay un orden del día de nueve puntos.
“Vamos punto por punto”, comienza Rosa. “Y la entrega no se mueve, eso lo dejo claro antes que nada”, explica. Celia mira la hora.
El primer punto ocupa media reunión. Hay desacuerdo sobre una palabra del título.