
Hay mesas de las que uno se levanta pronto y mesas que no sueltan a nadie. La sobremesa del sábado era de las segundas. Claudia llegó con la libreta y prisa por irse; Marcos lo notó.
En el comedor sonaba la radio; se discutía de obras y de un pregón antiguo. “Tú come, que el archivo no tiene hambre”, le dijo Marcos.
“Me tengo que ir; tengo el archivo a medias”, avisó Claudia. “Sin esta mesa no hay archivo que valga”, contestó Marcos. A las cinco seguía allí, aunque le costaba.
“Aquí lo importante se dice con los platos vacíos”, sentenció Marcos mientras recogían. Le guardaron silla sin palabras; le subió un nudo agradecido.
“Por una vez no apunto nada”, contestó Claudia, y dejó ir la tarde. La tarde se estiró hasta la noche; le dio igual. Acercó la silla: ya era menos de fuera.
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