
Antes de la entrega, los textos no han llegado, aunque Rosa le habĂa pedido que empezara el lunes. Celia tiene el ordenador encendido. Emilio la ve por la ventana del rellano y sube.
âEn las obras pasaba igual, el material llegaba tarde y el plazo noâ, cuenta Emilio. âY el retrasado acababa siendo el Ășltimo que tocaba la paredâ, avisa. Celia lo escucha.
El desorden no lo ha hecho ella. La urgencia se hereda hacia abajo, de quien manda a quien trabaja. Hasta cierto punto, es una costumbre y no una ley.