
Sole le ha contado a Emilio que se va en junio, antes que ella, y eso pesa más que el dato.
Sube sin coger el ascensor. Llama al timbre con la mano abierta, no con el nudillo, y le sale la voz más rápida de lo que quería.
“Lo del viernes era un encargo largo, y por eso sigo hasta junio”, empieza Celia. “Se lo digo yo, y se lo digo ahora”, añade. “No me voy todavía, y si me voy, lo sabrá usted primero”.