
Valentina Sosa, que hace la poda en una finca de Mendoza, Argentina, camina entre las hileras con Damián, el capataz, y aún no ha contado el cuartel.
Las yemas de las vides están cerradas, así que si la helada se adelantara, se perdería el año. Lleva el cuadernillo abierto, como si ya hubiera anotado la respuesta.
“¿Para cuándo me la entregás?”, pregunta él.