
Celia, la traductora del cuarto, oye tres veces el mismo nombre. Paco, el electricista del segundo, sube, y Emilio, el casero, le grita desde el buzón.
“Chispa, que te dejas la puerta”, avisa Emilio. “Ya voy, que llevo las dos manos ocupadas”, contesta él sin girarse.
Ella lo deduce en la cabeza, sin preguntar a nadie. Será por lo simpático, se dice.