
Una sierra chilla al fondo y después se apaga. Marisol vuelve a buscar a Leandro entre los marcos apoyados contra la pared. Él la ve entrar y sigue lijando.
“Mirá quién apareció”, dice Leandro fuerte, para que lo oiga el local. “Esta es la que se fue a Buenos Aires y no volvió nunca.” Alguien suelta una risa y vuelve al trabajo.
“Yo te escribí dos veces”, contesta ella bajito. “Tres”, responde él, “y las tres decían lo mismo.” Marisol siente la cara caliente y mueve un espejito sin marco para no mirar a nadie. “¿A cuánta gente le contaste esto en once años?”, pregunta ella.