
En Guadalajara, México, Ernesto lleva un mes en la oficina de reparto y hoy tiene media hora en la agenda. Quien lo ayuda hoy es Araceli, que lleva doce años de jefa de ruta. En la sala hace frío.
“Hay que salir a las seis, no a las ocho”, propone Ernesto. “A las diez el calor derrite el queso.” Cuenta su modelo despacio. Todos asienten y uno dice “muy interesante” dos veces. Nadie escribe nada.
Ernesto sale contento. “Salió rápido y salió bien”, le dice a Araceli en el corredor. Ella tarda en decir algo.