
El despertador de Nicolás suena a las seis. Suena fuerte. Mariana y su gata viven encima. Hoy baja medio dormida y da un bostezo.
Mariana: Tu despertador me despierta.
Nicolás: Perdón. Suena siempre.
Mariana: Mi cama está encima. Yo salto.
Nicolás: No puedo cambiar esa hora.
Mariana: ÂżTu trabajo empieza tan temprano?
Nicolás: No. Empiezo a las nueve.
Mariana: ¿Entonces por qué te levantas?
Nicolás abre la puerta de su cocina. Sobre la mesa hay cuatro biberones. Arriba empieza un maullido.
Mariana: ÂżBiberones con leche?
Nicolás: Para tus gatitos. Comen a las seis.
Mariana: ÂżTĂş preparas la leche?
Nicolás: SĂ. Subo a tu casa.
Mariana no dice nada. La cocina está tranquila.
Nicolás: Tú duermes como una piedra.
Mariana: ÂżY nadie me avisa nada?
Nicolás: Ahora ya sabes. ¿Apago el despertador?
Mariana: No. Mañana yo doy la leche a tiempo.
Nicolás: Entonces pongo dos despertadores.
Mariana: ÂżDos?
Nicolás: Uno para los gatitos. Otro para ti.
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