
Una gorra tapa el fleco de Karla, que entra a las cinco. El sol de la tarde llena el espejo de luz. Arturo limpia el mueble con un trapo y Bruno espera su turno.
“Quiero el fleco derecho,” dice Karla. “Lo tengo muy chueco.” “¿Quién te lo corta?” pregunta Arturo.
Karla no contesta. Bruno se ríe despacio en su silla, con la boca cerrada. “Ella sola, en el baño, con las tijeras de la comida,” dice.