
Es julio en Nerja, un pueblo blanco de la costa de Málaga, y la calle huele a pan caliente. Irene es de Madrid y tiene aquĂ una casa pequeña, encima de la panaderĂa, donde vuelve cada temporada. En el bajo está sentada RocĂo, la vecina de arriba, que la ve subir la maleta.
“Hola, buenas”, le dice Irene. “Buenas”, contesta RocĂo, y no se mueve del escalĂłn. “¿TĂş eres la del primero, la que viene siempre de Madrid?”.
Por la tarde baja a comprar el pan y se la encuentra otra vez en el mostrador. “¿QuĂ© tal tu madre? ÂżY el viaje?”, le pregunta RocĂo. “AquĂ hace un calor que no es normal, hija”.