
Un autobús deja a Sofía en Tlaquepaque, un pueblo de calles tranquilas y tiendas llenas de color. Busca un regalo para su familia, y entra al taller de Pablo, un artesano que hace figuras de barro.
Entre platos y jarros, Sofía encuentra una pequeña figura de un gato, delicada y muy original. Le gusta tanto que decide llevársela, y Pablo la pinta con mucha paciencia.
Cuando Sofía paga con unas monedas, el gato se le resbala de las manos y cae al suelo. Por un momento tiene miedo de romperlo.