
La ventanilla de objetos perdidos de la central huele a hule mojado. Omar, el encargado del lugar, apunta cada cosa en su cuaderno. Karla llega con la gorra puesta, sin credencial y con el turno en una hora.
“Es mĂa, y está a mi nombre,” dice Karla. Omar revisa una caja gris y saca la credencial en dos segundos. “AquĂ está,” dice Ă©l. “Pero no se la puedo entregar.”
“¿Por qué no?” pregunta Karla, con toda la calma que le queda. “Usted no se parece,” dice Omar. Pone la foto en el mueble, entre los dos.