
En la fachada del edificio, el número está borrado. Renata se para enfrente y lo busca otra vez, despacito. Solo queda una marca clara, con forma de uno y algo más. Karla y Bruno bajan a verla.
“Doy tres vueltas cada vez,” dice Renata. “Y luego pregunto en la esquina.” “Hoy lo arreglamos,” dice Karla. “Tengo pintura blanca de la azotea.”
Bruno baja con el bote y una plantilla de cartón. Karla se sube a la escalera y los dos copian el estilo del edificio de al lado.