
La barbería de la esquina huele a jabón y a loción. Detrás del sillón está Arturo, un barbero que trabaja solo desde siempre. Bruno sube la escalera, entra y se sienta en el sillón viejo.
“Poquito, por favor,” dice Bruno. Arturo toma las tijeras y el peine. “Poquito,” repite Arturo, muy tranquilo.
La máquina suena cinco minutos y el pelo cae sobre un trapo. Bruno mira el espejo y abre mucho los ojos.