La música suena y el patio se llena de vecinos. Doña Rosa entra despacio, con su vestido blanco, y todos aplauden. Daniela la ve de cerca por primera vez.
Rosa: ¡Cuántos años, mis niños! No esperaba a tanta gente. Andrés: Es todo para usted, doña Rosa. El barrio entero la quiere. Rosa: Andrés, ¿eres tú? El mismo niño que comía en mi cocina. Andrés: El mismo, doña Rosa. Usted me daba pan cada tarde. Rosa: Y tú siempre pedías dos pedazos de pan dulce. Andrés: Me acuerdo de todo. Usted fue como una abuela para mí. Rosa: Y mira ahora, todo un hombre. Cómo pasan los años.
Doña Rosa lo abraza fuerte, con los ojos húmedos.