
Como se fue la luz, Zoila enciende el candil en la última noche. “Pregunto para que alguien me diga que él tampoco se quedó”, cuenta Cecilia, y lo cuenta mal. “Si él tampoco se quedó, lo mío pesa menos.” No queda bien.
No intenta más y se calla. Zoila la deja hablar hasta el final, estricta, sin tocarla. Enciende un velón y baja los frascos. “Él sí vino”, le dice Zoila.
“Una vez, y no llegó más lejos que aquí.” Es la mitad de lo que Cecilia quería, y le cambia el viaje que tenía pensado. “No la busque sin avisar”, le dice al final. “Eso no lo olvida.”