
Aunque Fabián no aparece, Liliana entra y empieza. Huele a café frío y el ventilador apenas alcanza. “Lo del presidente no fue así”, dice, y le muestra las fotos limpias que sí son suyas.
No lo arregla bien, y le falta aire, sin ocultar nada. La invitada pregunta pronto por qué lo dejó pasar. “Me dio pena por él, y me costó menos”, contesta Liliana.
“Ya aprendí, y no lo pruebo otra vez.” Fabián llega tarde, con apariencia de apuro. “La historia la inventé yo”, dice, sin broma por primera vez.