
El sĂĄbado suena la lluvia en el patio y RocĂo llama a Irene para una boda del pueblo vecino. Irene no conoce a los novios y le da pereza el autobĂșs. Antes habrĂa dicho que sĂ y luego habrĂa puesto una excusa por mensaje.
Se acuerda de cĂłmo lo hace la gente aquĂ y respira antes de contestar. âAy, quĂ© rabia, es que ese dĂa viene mi hermanaâ, dice muy despacio. âY encima tengo el coche en el taller hasta el lunesâ.
RocĂo no insiste ni pone mala cara, y eso la sorprende. âPues nada, mujer, otra vez serĂĄâ, contesta desde el otro lado. Irene entonces añade lo que ha aprendido oyĂ©ndola a ella.