
Rosa deja el cajón de las herramientas abierto el sábado. Suelta la tapa, saca el destornillador y empuja la caja al centro. El cuarto está frío y la tabla raspa al tocarla.
Rosa empieza: “Primero se limpia y después se pega, paso a paso, sin prisa.” “¿Y el clavo, no sirve?”, pregunta Mateo. “El clavo no: eso es para muebles, y esto no es un mueble sino una figura”, contesta ella.
Rosa afila la varilla de copal y abre un hueco profundo con un cuchillo romo. Mete la varilla en la pata y la otra punta en el cuerpo. Todo a mano: la pieza pesa poco y cabe en la palma.