
Sara nunca se sienta. Come de pie en el umbral de Iria, con el bocadillo en la mano.
âSiĂ©ntate un ratoâ, dice Iria.
âEn este tramo no hay bancoâ, contesta Sara.
Iria cruza el soportal con su silla, la Ășnica de detrĂĄs.
âLa silla es para tiâ, repite Iria. âLo pienso desde ayer.â
âY tĂș, ÂżdĂłnde te sientas?â, pregunta Sara.
âEn el umbral, si hace faltaâ, contesta Iria.
âDe pie aguanto bien. Es un ratoâ, responde Iria.
Sara se sienta, bebe agua y come el bocadillo despacio. La silla queda vacĂa.
Al dĂa siguiente hay un asiento nuevo en el zĂłcalo.
La piedra estĂĄ frĂa, no calienta, y el canto estĂĄ liso y seco.
Sara no dice que el asiento es suyo.
Iria sale con etiqueta y cordel. Da la vuelta al asiento y busca por dĂłnde atarlo.
âEsto no se puede perderâ, dice Sara desde el otro lado. âNi se cambia de sitio.â