
En el vivero huele a tierra recién regada. Entre las macetas atiende Fernanda, una muchacha que conoce a todo el barrio. Karla entra y pide algo fácil.
“Quiero una planta que no se muera,” dice Karla. “Trabajo de noche.” “Llévate esta,” dice Fernanda. “Agua los domingos, y nada más.”
Karla pone la maceta en la ventana, al lado del tendedero. Después le echa agua tres veces al día, con mucho cariño.