
El paquete es del hijo de RocĂo, que tiene el mismo nĂşmero de puerta. En la escalera hace calor y las dos se rĂen del error, y abajo Quique saca las sillas. “Perdona, hija, que estos nĂşmeros están medio borrados”, dice RocĂo.
Unos dĂas despuĂ©s Irene vuelve del mercado con la bolsa muy llena. “Se me ha ido la mano con las naranjas”, piensa. Ha comprado para toda la semana, y con el pan de Rosa la cocina ya no tiene sitio.
Mete seis en una bolsa pequeña y sube al piso de arriba. “¡RocĂo! ÂżEstás?”, dice desde el rellano. “¡Pasa, que estoy con los platos!”, contesta ella desde dentro.