
Tres días seguidos Lucía marca el número y nadie contesta. La señal se cae a media tarde y la puerta queda cerrada. Desde el patio le gritan que camine hasta la muralla, donde siempre entra algo.
Al cuarto día aprieta el botón sin prisa y espera. El tono suena cuatro veces y entra la llamada. Lucía habla sin saludar y suelta: “¿Vas a ir a esa boda o me vas a hacer ir sola delante de todo el mundo?”
“No sé todavía”, contesta su madre. “Eso ya no es una respuesta, mamá; llevas un año diciendo eso”, responde Lucía suavemente, casi tan bajo que no se oye. La madre demora en contestar.