
Alguien golpeó la ventanilla del coche. Lorena, una profesora de autoescuela de Salamanca, estaba explicando una rotonda a un alumno. Levantó la vista y vio a Rubén. Hacía catorce años que no hablaban.
Rubén era un bombero de la ciudad. Traía un papel del ayuntamiento. “Buscan grupos para las Ferias de septiembre”, dijo. “¿Tocamos otra vez, como antes?”
A Lorena se le puso roja la cara. No quería hablar de 2012 delante del alumno. “No, Rubén. Tengo clase hasta las ocho”, contestó, y apretó las llaves, que sonaron.