
El miércoles huele a motor y el agua subió anoche. Karina, la oficial, mira la fecha corregida. “Ahora sí”, dice, y firma sin detenerse.
“Pase.” Dos minutos, y el comprador ya está esperando. Le devuelve el papel, ordenada y estricta. Percy se sube y sujeta el chaleco.
“¿Y esa isla es de ustedes?”, pregunta, por decir algo. Mira el marrón de la corriente. Se asoma mientras descargan, y avanza. “¿Y por qué anda con un ticket a nombre de otro, señor?”