
Tres llaves llegan en un sobre pequeño, sin carpeta y sin copia. Rocío se las entrega en el rellano de diciembre, con Rosa detrás y un pan tibio. Marta sube con un candado nuevo para la reja del sótano.
“La de arriba es la del portón, y esa cuesta un poco al principio”, dice Rocío. “Empuja con la cadera y luego gira, que la bisagra está torcida desde siempre”. Irene mete la llave, la gira y el pestillo entra a la primera.
El picaporte está frío y la verja suena abajo, en el patio. “Nadie brinda por esto, hija, que una llave no se celebra”, dice Rosa. Nadie se queda a mirar y todos bajan a lo suyo por el barandal.