
Tres veces marca Irene el nĂşmero de Málaga con el auricular en la mano. Escribe la frase, la dice en voz baja y le sale tensa. A solas, sin RocĂo detrás terminándosela, le entra un temor nuevo.
“Un poco de ánimo, hija, que es una pregunta de dos lĂneas y nada más”, dice RocĂo. “Y si te atascas, te atascas, que aquĂ no se ha muerto nadie por eso”, añade. Irene toma aliento, se ajusta la camisa y disimula el susto ante el cristal.
Le sale una voz tĂmida que no reconoce y se le queda la boca seca. La sangre le sube a la cara y el corazĂłn le golpea muy fuerte. “No es vergĂĽenza, es coraje lo que me falta, y lo sĂ© desde el lunes”, se dice sola.