
En la puerta del autobús estaba Lucía, una entrenadora de fútbol sala. Iba en la ruta de Martín. Le había contado que su portera se había roto la mano, y Elena escuchaba.
“Tú no dices no, ¿verdad?”, le preguntó a Elena. “Necesito portera para el equipo. Y a ti, Martín, de delegado.” “Sí”, dijeron los dos. “Pero no sé jugar”, añadió Elena.
En la pista, que olía a goma, Elena calentó y estiró con guantes prestados. El primer balón la golpeó en la cara. “Menos mal que llevas flequillo”, dijo Lucía.
Las demás se reían y Elena, avergonzada, se colocó con las orejas calientes. “No estás en forma. Otra vez”, pidió Lucía, y ella se esforzó. Lanzaban; no se atrevía a atrapar nada, pero paraba de rodillas.
“Se para con lo que sea”, gritó Lucía. Esa noche escribió: “Ficha hecha. Eres nuestra.”
Elena, exhausta, lo leyó en el sofá: se había hecho daño en las rodillas y en el orgullo, y no contestó que no.
Read on the go
Digital Polyglot is also an app for iPhone and Android, with the same library and your progress synced.
Get the app