
Después del Carnaval, Barranquilla vuelve a ser una calle normal. En el portón del edificio hay una reja nueva y un candado que nadie conoce. Camilo cruza el patio con dos bolsas.
En el segundo piso vive Alveiro, un inquilino que llegó el lunes. “Paga el cuarto por noche y no saluda a nadie en el patio”, dice su mamá desde la terraza. “El alquiler se cobra los viernes, como a todos”, contesta Camilo.
“¿Usted sabe quién es?”, pregunta Camilo. “Ni idea; el patrón no dijo nada, ni a mí ni a nadie”, responde ella. Se abanica en la terraza, al lado de una planta seca.