
La jefa esperaba en la autoescuela, con los brazos cruzados, y le pidió las llaves. Desde ese día, Lorena ya no podía llevar el coche fuera de clase.
Por la noche, Rubén la llamó y ella le contó lo del coche. “Ya no tenemos coche, y el sábado hay ensayo”, dijo. Rubén tardó un rato. “Tengo una idea. ¿Te acuerdas del carrito del supermercado?”
En 2012, como siempre que tocaban en un bar del centro, llevaban los altavoces en un carrito. Lorena sonrió por primera vez.