
Se va la electricidad en todo el barrio de Barranquilla un martes por la tarde. La bombilla del pasillo queda muerta y el interruptor no responde. Camilo baja con una linterna y golpea la puerta de Alveiro.
“Disculpe, ¿le sobra un enchufe para cargar la linterna?”, pregunta Camilo. “Me sobra, sí; suba”, contesta Alveiro desde arriba, y deja la puerta entornada.
Camilo sube con un taburete. Ata la linterna arriba y se sienta en el borde. Camilo le avisa: “A la lista del edificio le faltan dos nombres y uno es el suyo.” Alveiro no se queja de nada.