
A la sobremesa del sábado se llegaba ligero, con la fruta y el café por medio. Carla afiló la primera: “A ver si este año la chirigota te saca a ti”. Marcos se dejó querer e hizo teatro.
Claudia vio el hueco y se lanzó. “Pues cuando os echen del local, el candado me lo quedo yo de recuerdo”, disparó, contenta de atreverse. Nadie se rio. Habría dado cualquier cosa por retirarlo.
El silencio cayó como un mantel mojado. Marcos dejó la servilleta doblada y salió al patio. Carla rescató la mesa: “¿Alguien quiere más café?”.