
El viernes RocĂo asoma la cabeza por la puerta con las manos llenas de harina. âMañana traes algo y lo pones en la mesa larga, Âżvale?â, dice, y se va antes de que Irene conteste. La puerta se queda abierta y en la escalera huele a canela.
Irene sube al tercero a preguntar y baja igual de perdida. âAlgo de picar, mujer, lo que te salga, que aquĂ nadie miraâ, le dicen arriba. âNosotros llevamos bebida y hielo, tĂș no te compliques y venâ, le dicen en el segundo.
âÂżPero cuĂĄntos vamos a ser, veinte o cien?â, pregunta, y nadie contesta. En el mĂłvil escribe una lista y la borra dos veces esa misma tarde. Empanada, aceitunas, un bizcocho, servilletas:âŠ