
Desde hace tres semanas, Rocío Betancur, una mujer con un café de barrio en Manizales, Colombia, le da vueltas al mismo cambio.
La greca vieja calienta desde las seis y el mostrador de bahareque ya se ve gastado. Esteban, un taxista que desayuna ahí todos los días, se sienta sin pedir nada.
“¿Usted qué opina si quito las mesas y pongo solo barra?”, le pregunta ella.