
En la cafetería huele a café y Marisol abre el cuaderno. Adentro hay un viaje entero escrito a mano. Las páginas están llenas de nombres y precios que no existen.
La letra corre apurada y se dobla en los bordes. Marisol reconoce el plan: lo habían pensado juntos, antes de irse. Nunca lo hicieron.
Leandro llega y se sienta enfrente. “¿Esto lo escribiste tú solo?”, pregunta ella. “El año que te fuiste”, responde él, “y lo guardé y no lo abrí más.”