
En el andén todavía oscuro, Claudia era el comité de bienvenida y esperaba con tiempo de sobra. Paula era su mejor amiga de Vitoria y llegaba en tren. Se abrazaron dos veces, cosa rara.
En el bar de abajo, Claudia pidió sin abrir la boca. “¿Desde cuándo pides tú sin hablar, como los de toda la vida?”, se rio Paula.
Paula sacó un paquete con el calendario, olvidado en Vitoria. “Te lo traigo por si lo echabas de menos”, dijo. Explicó que pesaba más que su maleta.