
Lucía pide permiso a su jefa y se queda hasta tarde. Abre el correo y escribe la contraseña dos veces. El teclado suena fuerte en el cuarto vacío.
En la aplicación aparece un aviso: quedan dos asientos disponibles para esa semana. Lucía le escribe a Jorge: “Te mando el enlace; contéstame antes de que se me apague el teléfono en rojo.” Conecta el cargador y espera.
“¿Lo compro o no? Quedan dos y se van a ir hoy”, insiste ella. “Cómpralo, y no me preguntes más”, escribe Jorge. La respuesta llega exactamente un minuto después, sin un signo de más y sin un perdón.