
Claudia escaneaba sola el año malo, con el respeto de las cosas ajenas. La luz entraba de lado y dibujaba el polvo en el aire.
Entre las portadas de Hugo apareció una copla a mano. Pedía perdón sin nombrarlo. Nunca se cantó: se notaba en el doblez limpio.
“El local se fue y nosotros nos fuimos detrás de él”, leyó Claudia en un verso. Amigos que dejaron de hablarse. Al pie había dos iniciales torcidas.