
Rubén abrió un perfil de La Rana en una red social. Estaba detrás, con el móvil demasiado cerca de la cara. “Necesitamos una foto del grupo”, le dijo a Lorena.
“Una foto sí, pero sin mi cara. Mis alumnos no pueden verla”, contestó ella. Rubén intentó hacerla desde una silla, pero se cayó, y la pantalla quedó rota. “No importa, todavía funciona”, avisó Rubén desde el suelo.
La foto salió sin caras: guitarra, baquetas y altavoces enormes. Rubén se equivocó con la contraseña tres veces, y Lorena la escribió despacio.