
Hoy Fernanda tiene que salir dos horas y el vivero no puede cerrar. Karla y Bruno llegan puntuales, con la regadera y una cubeta llenas hasta el borde.
“Solo cobren,” dice Fernanda. “No toquen nada más.” “¿Y si tienen sed?” pregunta Bruno. “Nadie tiene sed,” dice ella. “Yo regué en la mañana.”
Fernanda sale. Bruno mira las plantas del aparador: están secas, brillantes, perfectas, sin una gota encima. “Estas llevan horas sin agua,” dice Bruno.