
El domingo siguiente, la cochera huele a carne y a cebolla. Mauricio corta la carne con una navaja. La pone en la parrilla y se queda parado junto a su silla, con el volteador en la mano. Bruno mira el asador de cerca.
“Voltéala ya,” dice Bruno. “Se quema abajo, yo veo el humo.” “Se voltea una vez,” dice Mauricio. “Una, y al final.”
“¿Y eso quién lo dice?” pregunta Bruno. “Es la costumbre de la casa,” dice Mauricio, tranquilo.