
La luz del mediodía cae de lado en Coyoacán y Ana vuelve el martes con el monedero casi vacío. Suma en la cabeza lo que va a gastar y le alcanza para poco. La señora la ve venir a tiempo y le guarda el lugar.
“¿Tienes sencillo o billete grande?”, pregunta la señora. “Solo un billete grande, no me quedó nada suelto desde la mañana”, dice Ana. La señora canta el total y le devuelve un cambio que no es exacto.
Ana revisa las monedas antes de guardarlas. La cantidad no coincide con lo que marca el papel. Le faltan veinte pesos, y no de más sino de menos.