
Sábado, once de la mañana. La tienda de deportes tiene la cortina abajo y un letrero pegado con cinta. Valeria toca en casa de Karla con las vendas viejas. Están duras y grises, como una cuerda vieja.
“Necesito vendas para hoy,” dice Valeria. “Cualquier cosa sirve.”
Karla abre su caja del hospital, arriba de la lavadora. “Solo tengo de estas,” dice. “Blancas, de algodón, con una raya azul.”