
Emiliano, un joven de Mendoza, tocaba timbre con botella bajo el brazo y zapatos lustrados. Venía de Mendoza a conocer a la familia de la novia, que en La Plata, Argentina, era sobre todo Norma.
Norma, la dueña de la rotisería, atendía con delantal y anillos en un local que olía a horno. Miró la botella antes que al muchacho. “Traje un vino de allá, de los buenos”, saludó.
“Acá el vitel toné se lleva con blanco”, contestó Norma, y lo guardó abajo. “Pero se agradece, nene.” “¿Y de qué trabajás allá?”, preguntó ella. Emiliano contestó con la espalda derecha, como en entrevista. “¿Y cocinar, sabés?”, remató Norma. “Sé lavar los platos como nadie.…