
La caja azul esperaba en el mostrador de Hugo. “Decide tú lo que se guarda; yo ya decidí una vez y mira”, dijo Hugo, y apartó la vista. Claudia la abrió como quien abre una herida pequeña.
Dentro olía a húmedo. Eran recortes y portadas del año que faltaba. Los titulares no gritaban; señalaban.
Marcos le contó sin adornos que aquel año se firmó la venta del local, con la peña partida en bandos. “Nos quedamos sin casa; el archivo calló porque nosotros callamos”, añadió. “Guardamos lo que nos deja dormir”, remató.