
La noche cordobesa estaba en su punto justo: bulliciosa, cálida y con ese aire de despedida que ninguno de los tres quería admitir. En una mesa del fondo de un bar con luces bajas y paredes repletas de fotos antiguas, tres amigos compartían un último brindis antes de que Facundo tomara su vuelo al día siguiente.
Santiago: Che, todavía no caigo que te vas.
Facundo: Yo tampoco, boludo.